Monday, November 27, 2006

La leyenda de Blaorith. Capítulo 3, parte 1: un nuevo hogar

Miradir se encontraba en la llamada "Sala de Transferencias" de las mansión Mosi'er. Este lugar estaba especialmente acondicionado para convocar puertas dimensionales; numerosas runas titilaban en las paredes de la estancia. Estaba esperando a que Blaorith saliese por la puerta dimensional. Este representaba todo lo que el drow odiaba más profundamente: era un poderoso guerrero, tenía algún truco para escapar de los ataques mágicos (al menos de las bolas de fuego), y lo que era más importante, podría suponer un problema para su ascensión en la familia. Ya tenía suficiente con que todas sus hermanas y alguno de sus hermanos lo superase en posición; no estaba dispuesto a permitir que un recién llegado usurpase su puesto. Lo mataría. Tendría que esperar unos meses, quizás un par de años; su madre había pagado una cuantiosa suma por Blaorith y él sería castigado si le pasaba algo. Pero lo mataría.


En ese momento Blaorith salió de la puerta dimensional. No parecía mareado en absoluto. "¿Tendrá algún tipo de preparación arcana?", se preguntó Miradir. A pesar de que le picaba la curiosidad no entablaría conversación con aquel drow despreciable. Ya tendría tiempo para investigarlo.

- Sígueme.

Blaorith trataba de memorizar todos los pasillos y giros que dieron antes de alcanzar su destino; le extrañó ver a muy pocas personas. Sin embargo el lugar era lo suficientemente grande como para que se perdiese un explorador experto. Decidió que tampoco le importaba mucho esa zona, al parecer era un ala de la mansión dedicada a la magia. Tras dejarla atrás llegaron a otra donde los pasillos eran amplios y llenos de habitaciones. Se cruzaron aquí con mucha gente, pocos fueron los que no le dedicaron una mirada cargada de odio. "Vaya, parece que supongo una amenaza". Decidió sonreirles a todos aquellos con los que se cruzara.

Finalmente llegaron a una habitación. Miradir se dirigió a él:

- Este será tu dormitorio. Encontrarás tus pertenencias en el arcón. Dentro de una hora vendrán a buscarte para que tengas una audiencia con mi madre. Aséate, hueles a orco. Y no se te ocurra salir de las barracas. Tu lugar es este, y tu presencia sin permiso en cualquier otro lugar de nuestra casa será castigada.

Tras esto el drow se dio la vuelta y se marchó, no sin escupir entre dientes la palabra "bastardo" una vez más. Blaorith observó la habitación con más detenimiento. Disponía de un arcón, un armario y una cama. No había sitio donde asearse y ello le extrañó; pero recordó que no se encontraba en su antigua casa, donde era el primogénito de la matriarca con unos aposentos llenos de comodidades, sino que estaba en una casa desconocida donde no sabía cual era su posición; aunque imaginaba que sería un soldado raso. La llave de la habitación se encontraba en la cerradura; la cogió para llevarla consigo, aunque bien sabía que cualquiera podría forzar esa simple puerta. Salió de la habitación, preguntándose cómo haría para encontrar los baños; ninguno de los drows que había visto querría ayudarle, o eso suponía; no parecía caerles bien. Para su sorpresa apareció un goblin correteando por el pasillo y se situó delante de él, con la cabeza gacha. Un goblin para guiarlo, al parecer Miradir quería humillarlo.

- Quiero saber dónde están los baños.

- Seguro, señor. Baños aquí. Seguir a Jomir.

El goblin lo guio por los pasillos; llegaron a su destino muy rápido, estaba bastante cerca. Jomir permaneció con la cabeza gacha delante de la puerta.

- Vete.

- Sí señor - dicho esto se marchó correteando de nuevo, con la esperanza de salir de las barracas antes de que a alguno de los soldados se le ocurriese que sería divertido torturar a un goblin. Odiaba tener que entrar en la casa, era un peligro constante.

Blaorith se dirigió al lugar donde le había indicado. En la puerta un drow le impidió el paso.

- Está prohibido entrar con armas. Deja esacosa aquí.

No eran baños individuales. Lamentó tener que dejar su espadón en la entrada; sabía lo fácil que era encontrar la muerte en esos sitios. Pero las normas eran las normas, y además quería agradar a su nueva matrona, no le gustaría estar de nuevo sin casa. Entró y comenzó a asearse.

Pasados unos minutos entraron tres drows. No se molestó en saludarlos, por sus miradas ceñudas sabía que no tendría respuesta su gesto. Y por las armas que llevaban colgadas en el cinturón sabía que había sido engañado. Desechó la idea de pedir ayuda, no esperaba que nadie acudiese. Observó las "armas" que podría usar para defenderse. Una tina con agua, una pastilla de jabón y una esponja empapada. Deseó que el único que lo había engañado hubiese sido el drow de la entrada, que le pidiera el arma, y que estos realmente se encontrasen allí para asearse también. Dos de ellos se situaron en las tinas que había a sus lados, mientras el tercero se situaba en la de su espalda. No podía ser una casualidad.

Blaorith no destacaba por su buen temperamento ni su paciencia. Así que decidió actuar primero. Si se había equivocado en su juicio respecto a los drows, peor para ellos. Sin mediar palabra dio un fuerte golpe con su puño izquierdo al que estaba a su derecha; completó el giro y lanzó la pastilla de jabón que tenía en su otra mano a los genitales del que se había puesto a su izquierda. No podría haber salido mejor; el primero se desplomó en el suelo inconsciente mientras que el segundo de cayó con sus manos en la entrepierna. Rapidamente arrebató la espada del drow que había caído a su lado, y se giró a tiempo para bloquear la acometida del tercero. No era rival para Blaorith, así que tras un breve escarceo consiguió arrebatarle el arma y colocó la suya propia en el cuello del desafortunado elfo.

- Vaya, tengo la impresión de que queríais emboscarme.

Antes de que le contestase entraron a la estancia seis drows armados con picas. No llevaban el atuendo vulgar de sus atacantes, sino que sus armaduras parecían confeccionadas todas a medida, y viéndolas podría afirmar que cualquier enano herrero se habría sentido orgulloso de forjarlas. Se dirigieron a él.

- Tira el arma, estáis todos arrestados.

Blaorith contestó.

- De acuerdo, la tiro. - dirigiéndose ahora al drow al que mantenía acorralado continuó - Pero no me gusta dejar a mis enemigos vivos.

Dicho esto lo atravesó y soltó su arma, que continuó clavada en la garganta de su desafortunado adversario.


Puff, mañana más, que se me hace tarde. Tenía pensado seguir escribiendo esta parte, pero me dieron las mil y mañana quería madrugar un poquito :P.

3 Comments:

Blogger Simón said...

Es superior a ti :D, siempre tiene que morir alguien en tus relatos xDDD

9:48 PM  
Blogger Simón said...

(Y ojo, siempre molan :D, me gusta cómo se va formando tu historia :) )

9:49 PM  
Blogger Alber said...

Tío, la sociedad drow es una sociedad muy dura. No es más que una metáfora en la que el autor intenta reflejar la agresividad y el egoísmo de la sociedad actual. Si es que está clarísimo...
Jejeje, es que como hace tiempo que no escribo, tengo que hacer de crítico :)

4:29 PM  

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