Thursday, January 04, 2007

La Ley del Deuterio. Capítulo 10. Información (2ª parte)

Buenas a todos otra vez. 2 cosas: lo primero, que mola ser ingeniero y tener tiempo para escribir. Lo segundo, que a ver si voy avanzando en la historia. Hoy otro capítulo, en el que una vez más, apenas pasa nada, pero seguimos situando los personajes. Además, ya medio tengo en la cabeza lo que va a pasar en los siguientes capítulos. Pos nada, no me enrollo más, ahí os dejo el capítulo, sólo espero no haber metido ninguna incongruencia con los capítulos viejos, que no me acuerdo de todos los detalles :P.


El café humeaba mientras ambos compañeros intentaban combatir el sueño.

- Sabía que me sonaba su cara - empezó Dapal-. Así que busqué por los hologramas de noticias que estuvimos viendo estos días. Y la encontré.
- ¿Y bien?
- Yude Werx. Ministra de Defensa de la Confederación Garay, cuya capital, Moltn 3:163:4, acabamos de dejar.
- Vaya, ni más ni menos que ministra. Y tan joven.
- Eso dije yo. Además parece ser que es la nueva joya del consejo, a la que todas las miradas apuntan. Pero resulta que la chica contó con buenas referencias. Empezó en el ministerio gracias al apoyo de su padre, el general Werx, que según he leído fue un condecorado héroe de guerra, en el último intento de invasión que recibió la confederación. ¿A cargo de
sabes quién?
- Es evidente. El único planeta importante de la zona es el que vamos a visitar. Lo que yo me pregunto es, ¿y cómo no es el padre el ministro? ¿Acaso murió?
- Algo que nos dará más juego. Parece que fue repudiado.
- ¿Y eso?
- Era un pez gordo, de hecho no me extrañaría que fuese el anterior ministro, pero según los que he encontrado sobre él se opuso a una serie de reformas sociales del Presidente de la Confederación. Al parecer no le faltaba algo de razón: las revueltas provocaron una revuelta bastante importante en todos los planetas de la confederación. Nuestro general se colocó en el bando perdedor, que fue brutalmente aniquilado. Tras el conflicto cayó en desgracia y ahora mismo es considerado un traidor a la patria. Su hija, con la que parece que se distanció durante la revuelta, ocupó el puesto en el ministerio.
- Vaya, eso suena un poco raro, ¿no? Cada miembro de la familia en un bando.
- Sí, no es lo más habitual. Pero esto te gustará más. He encontrado una foto antigua de nuestro hombre. Está un poco cambiado, pero tíñele el pelo, ponle unos años más, aspecto desaliñado y...
- ¡Es el viejo Mart!
- El mismo que viste y calza. Ya debemos de estar a punto de atracar. Vamos a la cabina, te contaré el resto mientras llegamos.

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La nave se fue acercando poco a poco al planeta. Ninguna patrulla los interceptó. Ningún señal llegó del planeta. No las tenían todas consigo,
y ninguno de los dos hablaba, pero la falta de combustible les obligó a dirigirse a la órbita del planeta. Presa de un creciente nerviosismo, Dapal dirigió la nave hacia el hangar del planeta, en cuya desolada superficie no se apreciaba el menor signo de vida.

- ¿Tú crees que se habrán ido? Parece que aquí no hay nadie.
- Tendremos que bajar a comprobarlo. ¿Prefieres quedarte en la nave o bajar?
- Baja tú, Dap. Me fío más de que yo te salve a ti cuando te cojan a que tengas que venir tú.
- Je, que te lo crees tú. Está bien, yo salgo. Ten encendida la radio, y te sigo contando la historia de nuestro amigo Mart.

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Dapal examinó la atmósfera del árido planeta. Sería bastante desagradable, pero lo prefería a salir con uno de esos incómodos trajes. A través de la radio, recibía distorsionada la voz de su compañero.
- ¿Averiguaste algo más del viejo?
- Parece ser que Mart es ahora un peligroso terrorista. No tan peligroso según algunos analistas. De hecho parece que su facción es de las más blandas, por lo que no es muy apreciado por las demás organizaciones terroristas que se oponen al gobierno, y se está quedando sin demasiados apoyos, atrapado entre dos bandos.
- Pues eso no es lo que parecía con su hija.
- Lo sé. Tal vez quiera entregarse. O tal vez intente protegerla de los ataques de alguna otra facción más radical.
- O tal vez intente ganarse apoyos.
- ¿Qué quieres decir?
- Que tal vez atentar contra su hija sea el golpe de fuerza que el general Werx necesita para recuperar sus apoyos.
- ¿Tan desesperado te parece? A mí no me dio esa impresión.
- Eres demasiado ingenuo, Dap. ¿A ti te parece normal esa escolta ridícula que llevaba la hija? Y el Zark ese está en el ajo. Toda la información que un peligroso terrorista tenía de la agenda de una ministra, aunque sea su hija... algo no me huele bien.
- ¿Tú crees? Pero tiene que haber alguien más involucrado. ¿Quién disparaba al viejo en Moltn? Y al salir de la luna, ¿qué pintaban esos tanques, la trampa que nos tendieron con los escuadrones? ¿En qué bando estaban esos?
- Para mí que lo del planeta fue algún policía que reconoció a un peligroso terrorista, de ahí lo repentino e improvisado del ataque y que no tuviese continuidad en la órbita del planeta. Después de eso investigarían a donde se dirigió nuestra nave y plantearían un ataque a mayor escala para que no escapáramos de la Luna.
- Le veo demasiadas casualidades.
- A mí me parece perfectamente plausible. Pero no te veo convencido. ¿Qué te quieres apostar? ¿10 créditos?

Dapal le siguió dando vueltas. Aún no acababa de tenerlo claro. Le parecía demasiado... poco probable. Además, estaba seguro de que Cinty tenía algún papel que jugar. Mientras, Wilson seguía intentado sacarle los cuartos.

- ¿Tal vez 50? Jejeje. Si no creyeses que tengo razón, te atreverías.

Dapal le ignoró, absorto como estaba en sus pensamientos, olvidando la misión de exploración que se suponía estaba realizando. Cuando se dio cuenta, unos 15 soldados, fuertemente armados, le rodeaban, apuntándole. Se le cayó la radio de las manos. Si sobrevivía, Wilson se reiría de él durante meses por su falta de concentración. Dos de los militares se abrieron para dejar paso a un nuevo personaje que parecía el jefe de todos ellos.

- Vaya, vaya, vaya. Mirad quien nos honra con su presencia. ¿Recordáis a aquel chico que no fuisteis capaces de capturar? Pues aquí lo tenéis, dispuesto a entregarme su cabeza en bandeja de plata, ¿no es irónico? Pero muchachos, por favor, nuestros modales, saludad a mi viejo amigo Dapal Molug.

- ¿Dap? ¿Qué pasa? ¿Dap, me oyes?

- Ha pasado tiempo, Jarl. ¿Qué tal te han ido las cosas?

Un oportuno culatazo en la nuca privó a Dapal de la posibilidad de mostrar su mejor sonrisa de adulador.

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Thursday, December 28, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 10. Información (1ª parte)

Bueno, no es la historia más intensa que he escrito, pero tenía que justificar de alguna forma algunas cosas. Realmente iban a pasar más cosas en este capítulo, pero bueno, es que tengo un montón de cosas que hacer, así que lo dejo pa una futura segunda parte, que a saber cuándo escribo. Bueno, para los que no se acuerden, mi historia iba de unos tíos en una nave, y les pasaban cosas (es q casi ni yo me acuerdo xD). Enga, no sé si os gustará, pero los episodios de calma también son necesarios.

Wilson se revolvió en la cama. No quería irse, pero cuánto más tiempo pasasen en el planeta más se complicarían las cosas.


- Martha, espera, no te duermas.
- ¿Eh? ¿Otra vez? Jesús, benditos 20 años...
- No, no es eso. Tengo que irme.
- ¿Irte? ¿A dónde vas a ir a estas horas? Puedes quedarte a dormir aquí, ya lo sabes.
- Lo siento, pero debo abandonar el planeta cuanto antes.

La mujer se acercó para besarle otra vez, pero Wilson salió de la cama, y buscó su ropa. La mujer se irguió.

- Así que supongo que esto es el fin. Vuelves a tu "peligrosa e incierta vida de cazarrecompensas" otra vez.
- Es necesario...
- ¿Necesario para quién? Para ti o para ese amigo tuyo...
- Para los dos.
- Claro, "vuestro graaan objetivo", cómo olvidarlo. Sea lo que sea eso.

Wilson no respondió. Se ajustó los pantalones y agarró su camisa entre la ropa de ella.

- Así que así acaba todo, una noche, sin previo aviso y te vas para siempre.
- Sí.
- ¿Volverás algún día?
- No lo sé. El universo es muy grande, pero la vida da muchas vueltas.
- Si vuelves por aquí, búscame. Me alegrará saber que sigues vivo.
- Sí, a mí también suele alegrarme.

Una sonrisa pícara contrarrestó la tensión del momento.

- Sabes, Wil, me duele que te vayas así, pero creo que si no fueras lo que eres, no serías como eres.
- Quién sabe...

Wilson se encogió de hombros y sonrió de nuevo. Todo volvía a ser como el día antes, lo más desagradable ya había pasado. Wilson supo que, a pesar de todo, ella también guardaría un buen recuerdo. No tendría que mentirle.
- Antes de irme, necesito una información.
- ¿Información? ¿Qué clase de informa...?

Entonces comprendió. Comprendió por qué ese chico tan joven y tan guapo la había elegido a ella un mes atrás. No se consideraba fea, pero a chicos así sólo se les veía en los hologramas.

- Así que todo este mes sólo estabas conmigo porque trabajo en el centro de cálculo de los escuadrones.
- Al principio sí.
- ¿Haces esto en cada planeta al que vais?
- Sólo si vamos a estar bastante tiempo.
- ¿Un mes es bastante tiempo?
- Un mes es MUCHO tiempo.
- Sabes que no te lo puedo decir. Es información privada y me despedirían si te lo contase.
- Ya.
- ¿Qué hay en esa nave?
- Es nuestra nave. Nos la han robado, y queremos recuperarla.
- A estas alturas ya puedes decirme la verdad, no me importa que me digas que en ella viaja una persona que vale una fortuna.
- En ella viaja una persona que vale una fortuna.

Martha suspiró. Wilson esperaba, porque sabía que se lo diría. Todas se lo decían.

- Supongo que el vuelo que te interesa es el que llega a 3:173:1 a las 13:02:43. Va bastante lento, si os apuráis aún podéis cogerlo.
- Gracias Martha.
- Wilson...
- ¿Sí?

El joven ya agarraba el mango de la puerta, listo para desaparecer de su vida para siempre.

- A pesar de todo... lo pasé bien.
- Lo sé.

Martha no llegó a verla, porque Wilson no llegó a girarse, pero el último recuerdo de esa noche que la mujer guardaría en su cabeza, sería esa característica sonrisa, burlándose de ella por última vez.

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Wilson tardó apenas unos minutos en volver a la nave. Dapal le esperaba, listo para despegar, impaciente.

- ¿Coordenadas?
- 3:173:1, dentro de unas 10 horas.
- Vaya, va a hacer calor ahí.
- No lo he elegido yo.
- Venga, prepárate que nos vamos. He arreglado el casco hasta donde he podido y comprado un par de sensores nuevos para sustituir los que destrozaron los tanques. Debería aguantar.
- Aunque la nave no explote no tenemos suficiente deuterio para llegar hasta ahí, por muy despacio que vayamos. Y además, no es tiempo lo que nos sobra.
- Lo sé, pero no es ahí a donde vamos.
- ¿Y a dónde vamos?
- 3:160:15. Tenemos el combustible justo para llegar hasta ahí.
- ¿Qué? ¿Pretendes ir a...?
- Exactamente.
- ¿Y no podemos sencillamente robarle el deuterio a alguien, como siempre?
- ¿A quién? Esta zona es un páramo. Sumando todos los sistemas a los que podemos llegar, no llegan ni a 20 planetas habitados. Nadie tiene deuterio. Nadie viene aquí y nadie sale de aquí. Excepto él. Al resto ya los ha esquilmado.

Wilson sopesó las opciones. La verdad es que en ese momento le daba bastante igual, lo único que quería era irse a dormir, pero la poca lucidez que le quedaba le decía que su compañero tenía razón.

- Bueno, tú sabrás. ¿Luna o planeta?
- Planeta. Que se entere bien de que vamos allí. No tenemos tiempo para buscarle, mejor que sea él el que venga a nosotros.

La nave despegó silenciosamente en medio de la noche, agotando las pocas reservas que aún tenía en el depósito. Si no conseguían ningún arreglo, no tendrían suficiente deuterio para salir de allí.

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Wilson dormía profundamente cuando un violento ruido, semejante a una serie de explosiones, le obligó a levantarse, alarmado. Poco a poco, los sentidos volvieron a él, y de un manotazo, apagó el despertador.


- Tengo que cambiarle la alarma a este maldito chisme.

Se dirigió hacia la cabina, bamboleante, aún algo atontado por el repentino despertar. Dapal ya estaba en pie, pero en vez a los mandos de la nave, estaba sentado en su litera, absorto en los hologramas que danzaban frente a él.

- Hey, estamos a punto de llegar, deberías venir a la cabina. Será mejor que estemos los dos cuando nos empiecen a interrogar desde el planeta.

Dapal no hacía caso. El fluir de las imágenes en 3D parecía requerir toda su atención. Wilson se dio cuenta entonces de que tenía puestos unos auriculares.

- ¡Deberíamos ir a la cabina! ¡¡HEY!!

Dapal desconectó el aparato de hologramas y se giró lentamente hacia Wilson. Unas sombras oscuras bajo sus ojos, rojizos de tanto mirar sin pestañear, amenazaban con convertirse en profundas ojeras. Se quitó los cascos.

- Perdona, ¿qué decías?
- Que deberíamos ir a la cabina. ¿Has dormido algo?
- ¡Vaya!, ¿ya hemos llegado?. Estaba buscando unas noticias que me sonaba haber visto. Justo ahora he descubierto algunas cosas bastante interesaaaaaauuuantes.

Un sonoro bostezo interrumpió a Dapal, pero no parecía importarle. Lo que fuera que hubiese descubierto, parecía haberle compensado el no dormir, y conociendo el gusto de Dapal por un buen sueño, esa información debía de valer bastante deuterio.

- Luego me lo cuentas. Voy a preparar café. Cargado, muy cargado.

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Thursday, September 21, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 9. El baile

Bueeeno, como el proyecto ahora mismo lo tengo un poco en punto muerto (no por mi culpa, ¡eh!), aproveché pa escribir hoy otro capítulo, que tocaba acción y me veía con ganas. Pensaba hacerlo más largo, y aprovechar este capítulo para desvelar más cosas, pero me fui enrollando, y tuve que cortar. Igual me flipé mucho (no os costará adivinar en q parte), ya me diréis si os gusta:

Dapal miró hacia la parpadeante pantalla que, impertérrita, seguía repitiendo su mensaje una y otra vez:

La Central de Computación no dispone de ordenadores disponibles para gestionar su escuadrón. Por favor, inténtelo más tarde.

No habían tenido ningún problema para llegar hasta la luna, así que supuso que estaba todo preparado. Seguramente pensaban, fuese quien fuese el que le había tendido la trampa, que sin computadores y con los tanques los tenían acorralados. Dapal sonrió. No si era él quien pilotaba la nave.

Hacía tiempo que las naves traían esa protección contra conductores imprudentes o temerarios, pero, como todos los dispositivos de seguridad, tenía sus fallos. Mecánicamente, Dapal sacó de su bota derecha la pequeña navaja que siempre guardaba para emergencias, y haciendo palanca, arrancó la tapa debajo de la pantalla, que, indiferente a las explosiones que periódicamente seguían evaluando la resistencia de la nave, continuaba informando de la imposibilidad de realizar el despegue. Sin dudar, cogió uno de entre los muchos cables que circulaban por la cavidad, y lo seccionó limpiamente con la navaja. Guardó la navaja en su sitio y presionó los botones otra vez. La nave despegó decidida, ante la mirada atónita de los asaltantes.

- Wil, quiero que evalúes el estado general de la nave. No sé cuánto deuterio tenemos, pero debería ser bastante para llegar hasta el planeta. Mira que los motores no tengan muchos daños, no quiero volar por los aires. Y era bueno saber con qué armas disponemos. ¡Ah! También hay un par de sensores estropeados. No es tan importante, pero míralos si puedes, que hace tiempo que no conduzco una nave de éstas en manual.
- Jejeje, mira que te sienta bien volar, Dap. Creo que si te viese pilotar, hasta podrías impresionar a una mujer. Tanto tiempo en tierra no te sentaba bien.
- Wil, no tenemos todo el día.

Con su perenne sonrisa, Wilson salió disparado. Uno arreglaba, el otro usaba. Hacían un buen equipo.

Dapal se encaminó al planeta. No debería ser peligroso para un trayecto tan corto, pero no dejaban de estar llevando la nave manualmente, debía estar atento. Fue entonces cuando los vio:
- ¡WILSON! ¡Deja lo que sea que estés haciendo y mira si tenemos armas!. ¡Tenemos compañía!

No había ninguna nave esperándoles en la orbita lunar. Era lógico si pensaban que los tenían acorralados, pero los de la luna parecían tener buenos reflejos, puesto que habían desplegado inmediatamente 2 naves de batalla tras ellos. O tal éstas fueran algunas de las naves con las que estuviesen saturando las computadoras.

- ¡DAPAL! ¡Te aseguro que esta vez no he sido yo quién ha gastado toda la munición! Espero que no nos enfrentemos a nada serio, no tenemos ni para mirarles mal.
- ¡Es igual!. ¡Ven, será mejor que te agarres bien!.

Wilson apareció nuevamente por la portezuela de la cabina y se sentó en el asiento del copiloto. Vio las dos naves enemigas acercándose rápidamente y se le iluminaron los ojos. Hacía tiempo que no veía a su compañero en plena acción. Intentó imitar la voz de una mujer:
- ¿Me vas a sacar a bailar? ¡Qué emoción! Creía que ya no me querías.

Dapal se permitió una sonrisa antes de comenzar su ritual de batalla. Cerró los ojos y dejo de sentirlos. Tomó aire con unos pulmones que ya no tenía. Aquello que controlaban los mandos de la nave ya no eran sus manos. Dejó de tener un cuerpo.

Se abrieron unos ojos que no eran suyos, porque él ya sólo veía a través de los sensores de la nave. Dejó de surtirse de sangre, y notó como los motores le proporcionaban el deuterio que necesitaba para dirigir su cuerpo, para mover sus nuevas extremidades metálicas, su nuevo cuerpo de varias toneladas a través del espacio. Dapal se convirtió en cerebro, y se hizo uno con la nave. Decidió que a partir de ahora se llamaría Yude.

Yude se giró repentinamente y se encontró con dos enemigos que querían hacerle daño. Yude gimió, no quería sufrir más daño, pues apenas podía ver, con sus lastimados ojos, y su maltrecho corazón no tenía la fuerza de días mejores. Se resignó, si eso era lo que tenía, eso sería lo que necesitaría.

Cambió de sentido y se dirigió súbitamente de frente contra los asaltantes que, despojados de su rol de cazador, intentaron huir torpemente. Demasiado torpemente. Yude intentó golpear a uno de ellos, pero inexplicablemente falló. No, espera, no había fallado. Un recoveco de su cerebro recordó que no tenía puños con los que golpear. El otro ser intentó auxiliar a su compañero, atacando la retaguardia de Yude. Sintió que el ataque era poderoso, que si le alcanzaba acabaría con ella, pero lo esquivo grácilmente, moviéndose al ritmo de una música que sólo su cerebro escuchaba. Tenía dos pretendientes, y no podía bailar con los dos a la vez. Que ellos decidiesen.

Se acercó a uno, y danzó a su alrededor, provocativa, dejándolo sin aliento, sin respuesta, mientras el otro, celoso, se acercaba furioso, dispuesto a golpearla. Como Yude preveía, lo intentó, lo la poca habilidad que le intuñia, y falló nuevamente, golpeando en su lugar al otro ser, que se volatilizó repentinamente. Yude sintió pena por él. Algún día le golpearían a ella, y le gustaría que alguien sintiese esa misma pena.

Ya sólo quedaba un asaltante, y estaba cansada de bailar. Nuevamente se convirtieron en cazador y presa. Yude escapaba, correteando alegremente, buscando un terreno más favorable, mientras el depredador, tal vez más rápido pero no tan ágil, la seguía jadeando.

Cambió un par de veces de dirección, hasta que encontró lo que su cerebro recordaba haber visto. Un poco más allá, un paraje característico de casi cualquier planeta de la castigada confederación en la que se encontraban: un campo de escombros no muy grande, formado por los restos de una multitud de intrépidas sondas de espionaje destrozadas tras haber sido descubiertas en plena misión, abandonadas a su suerte, sin valor. Yude sabía que su cuerpo, más pequeño, se colaría más fácilmente entre la chatarra que el de su voluminoso perseguidor.

Consiguió llegar sin excesivas complicaciones. Su contrincante era voluntarioso, pero no tan hábil como ella. Dudó, al ver los restos en órbita, pero al ver la facilidad con la que ella se adentraba entre los restos de las sondas, se armó de valor y la siguió. Yude sintió pena por él también. Sabía que su rival guiaba sus movimientos a través de las computadoras de la confederación, y que pensaba que ella hacía lo mismo, pero todavía no habían fabricado las computadores que pudiesen pilotar una de esas naves a través de un campo de escombros. Era demasiado torpe, y lo pagaría con su vida.

Ya estaba fuera del campo de escombros cuando sintió la explosión. Se dirigió hacia el planeta.

Dapal fue poco a poco saliendo de la fantasía que se había creado. Le costaba respirar, le dolían todos los músculos, y su cerebro le pedía un descanso a gritos. La adrenalina abandonaba su cuerpo, dejando tras de sí los efectos de la tensión acumulada. Disfrutaba de la tensión del pilotaje hasta el punto de sentirse una parte de la nave, pero le dejaba verdaderamente extenuado.
- Wil... pilota... pilota tú ahora. Necesito... echarme un rato.
- Claro, Dap.

Como siempre, se intentó levantar demasiado rápido, pero las piernas le fallaron. Wilson ya estaba listo para sujetarle y lo llevó hasta el camarote más cercano. Había quedado destrozado.
- Ha sido increíble, Dap. En serio, no era la Nagash, y contra dos naves de batalla. Me habría gustado echarte una mano con la artillería, pero al menos así he podido disfrutar de todo el espectáculo. Ya me contarás qué estabas imaginando esta vez, porque te quedó un pilotaje redondo.
- Wil... cuídala... está débil.
- Vaya, así que ésta es hembra. Qué novedad. ¿Y cómo la has llamado?

Pero Dapal ya dormía.

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Wednesday, September 20, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 8. Condiciones no pactadas.

Bueno, aquí tenemos el capítulo 8, después de un inoportuno apagón en mi casa, que afortunadamente se produjo justo después del preámbulo, cuando empezaba a escribir, xq sino me habría deprimido mogollón y habría mandado el capítulo a la mierda. Ahí os queda. Otra vez, me parece pequeño, pero ya tengo el 9 perfilado, con un pequeño guioncillo y tal, así q espero escribirlo en breve. Enga, no me enrollo más:

Cinty encendió el comunicador y marcó el número de contacto.
- Al habla MDM.
- Aquí Cinty. Tengo los dos paquetes encargados. Tengo también otro de regalo, no sé si tendrá destinatario, pero de momento lo conservo.
- No es necesario. No se te pagará por ello. Elíminalo. Los paquetes sin dirección no tienen sentido.
- Recibido. Estoy de camino. Llegaré en 10h32'23" al punto de reunión. Varias horas antes de lo previsto.
Cinty estaba satisfecha. Todo había salido tan bien que pensaba pedir un aumento en las condiciones pactadas. Al fin y al cabo había tenido que ser la concubina de aquel repugnante tabernero para que le hiciese creer a toda la parroquia que era su hija, q repentinamente había decidido prestar ayuda a su trabajador padre para poder irse a la capital.
- Habrías podido llegar antes. Se te ordenó que llegases lo antes posible. Eso es una reducción del 10% del precio pactado.
- ¡¿Qué?! ¡Eso no fue lo que pactamos!
Cinty se puso furiosa. ¿Le iban a quitar dinero?
- Yo decido las condiciones. Y decido que hacerme perder mi tiempo es un 10% de reducción. Tienes suerte de que has trabajado bien, y podríamos volver a necesitar tus servicios en un futuro, sino estarías muerta.
- ¿Pero sabes por lo que he tenido que pasar para conseguir a estos dos?
- Si no fuera porque yo te he proporcionado el paradero de la presa y has contado con la ayuda de mis hombres, tanto en el planeta como en la luna, no habrías conseguido nada.
- Eso no es cierto. Fuisteis vosotros quienes insistieron en hacerlo así, cuando claramente había formas mucho más sencillas de...
- ¿Quieres seguir perdiendo dinero? Si me haces perder mi tiempo, lo pagarás.
Cinty consiguió morderse la lengua. Estaba claro que nada de lo que dijese sería beneficioso.
- Podemos seguir bajando la cifra tanto como queramos. Si sigues tu viaje y llegas a destino, todos sadremos ganando. Si decides cancelarlo, y volver a la luna, te estaremos esperando. Tú perderás algo más que los paquetes, y nosotros obtendremos de igual forma lo que queremos. Tú decides si quieres salir ganando o perdiendo.
Así que se la querían jugar. Averiguaría la guarida de aquel hombre y lo mataría con sus propias manos, vaya que sí. Nadie le robaba su dinero. Ella siempre mantenía la palabra empeñada, y no pedía, exigía, lo mismo de sus clientes. Era la base del negocio.
- ...recibido. Una cosa más. ¿Qué ha sido de los dos tripulantes de esta nave?
- ¿A quién le importa? Pero muertos, ¿qué duda puede caber?. No pueden escapar de la luna. No quiero que me vuelvas a llamar hasta que hayas aterrizado. Corto.

Cinty lanzó el comunicador contra el suelo, presa de un ataque de furia. Lo encontraría, lo acorralaría, jugaría con él, haciéndole creer que podría escapar de ella, para ver su cara de desilusión cuando comprendiese que no tendría ninguna posibilidad de escapar con vida. Luego haría aquello para lo que la habían entrenado tan concienzudamente. Lo iría cortando poco a poco en pedacitos, sin que muriese todavía, para que pudiera ver cómo le arrancaba las entrañas y le cercenaba uno a unos sus órganos no vitales. Y, en contra de lo habitual, disfrutaría haciéndolo. Luego, finalmente, aquel maldito hijo de perra perdería la vida. Nadie se la jugaba a Cinthia Vax, y vivía para contarlo. Tan cierto como que era la mejor mercenaria de la galaxia.

La furia todavía inundaba su ser cuando entró nuevamente en la habitación de los rehenes. Yude ya estaba despierta, y se quedó mirándola, acobardada. Aquella chica no valía nada. A saber qué es lo que veían en ella para pagar lo que pagaban. Los dos militares posaron su vista en ella, expectantes. Cinty ni se dignó a mirarles. Cogió al sargento por la pechera y arrastró su musculoso cuerpo fuera de la habitación con sorprendente facilidad. Yude palideció.
- ¿Qué vas a hacer con él?
- Matarlo.

P.D.: Como le dije a Isma, un tributo a MDM tenía que haberlo en algún sitio :)

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Thursday, September 07, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 7. Cartas boca arriba

Bueeeno, después de un tiempo de trabajar (hasta avancé con el proyecto y todo :D), por fin el capítulo 7. Ya voy desvelando un poco el rol de cada personaje en la historia, pero sin explayarme tampoco demasiado, no vayamos a contarlo todo a la primera ;). Ahí os queda:

Mart se despertó desorientado. Un intenso dolor martilleó su cabeza, como si sufriese una fuerte resaca.
- ¡Aaaay!, ¡pero si llevo 24 horas sin probar gota!.
Cuando se intentó llevar la mano a la cabeza se dio cuenta de que estaba atado.
- ¡Eh! ¿Qué pasa aquí? ¿Qué significa esto? ¡SOCORROOOO...!

Otra punzada de dolor le obligó a callar. Debían de haberle drogado. ¿Pero quién? ¿Dónde estaban Yude y Zark? ¿Y los tres chicos? Otro estallido. Lo pensaría cuando se le pasase la jaqueca. Intentó enderezarse, pero su sentido del equilibrio no estaba dispuesto a colaborar.
- General...
La voz de Zark llegó cercana pero débil. Sus ojos se orientaron hacia el sonido, y vislumbró en la penumbra la silueta de su amigo.
- ¿Zark? ¿Estás bien? ¿Dónde está Yude? Estoy atado.
- Yo también estoy atado, pero estamos bien. Yude está a mi lado. Sigue inconsciente, aunque respira con normalidad.
- ¿Qué ha pasado?
- La rubia. La chica rubia.
- ¿Cinty? ¿Qué le ha pasado a Cinty?
Mart se temió lo peor. Pobre chica...
- Fue ella. Lanzó una bomba con algún tipo de somnífero mientras ustedes dormían. Conseguí salir, pero me estaba esperando fuera. Me golpeó, y me desperté aquí.
- ¿Qué? ¿Cinty? No puede ser... ¿Estás seguro Zark?
- Lo siento, señor. No pude protegerles.
El soldado parecía profundamente apenado por lo que él consideraba un fallo en su deber.
- Bueno, Zark, lo más importante es que todos estamos bien. ¿Sabes algo de los dos chicos?
- No señor. El rubio creo que seguía fuera cuando despegamos, en la otra nave. El moreno estaba en la cabina. Es todo lo que sé.
¿Tendrían algo que ver? A saber. ¿Habrían despegado sin ellos? Y lo más importante: ¿hacia dónde se dirigían?.

La luz se encendió, dañando los ojos de Mart, aumentando su malestar. Cinty entró en la habitación con una sonrisa de satisfacción en su cara.
- ¿Ha dormido bien, general Werx?. ¿Y usted, sargento?. ¿La ministra no nos honra con su tiempo todavía? No hay prisa, el viaje es largo, pronto despertará y tendremos tiempo de charlar todos tranquilamente.
- Cinty, ¿qué significa esto?.
- Significa, general, que hoy me he ganado el pan durante unos meses. Entre su recompensa y la de su hija, me llevaré un buen pellizco.
- ¿La de mi hija? No hay ninguna recompensa por mi hija. Y si se refiere a un rescate, la junta gestora no pagará ni un crédito por Yude.
- Oh, sí, lo sé. No es al gobierno a quien pienso venderla. Para algunas organizaciones terroristas, una ministra caída en desgracia... sigue siendo una ministra. Y más para las facciones opuestas a la suya, general.
- ¡Yo no soy un terrorista! ¡Yo sólo quiero lo mejor para mi patria, aunque para ello tenga que derrocar a la fuerza a este gobierno corrupto!
- ¿"Patria"? Que concepto tan anticuado para estos tiempos de permanente emigración. Pero sí, tal vez "patriota" sería un concepto adecuado para definir a alguien tan chapado a la antigua como usted. Sin embargo, yo lo definiría como "lucrativo". Tiene muchos enemigos, general, no solo el gobierno. Se había escondido muy bien, pero se sorprendería de lo rápido que lo encontramos cuando empezó a ofrecer este "trabajillo" de cantina en cantina. Un simple cambio de nombre no suele ser suficiente.
- Sin tan solo se trata de dinero, tal vez podamos llegar a un acuerdo...
Cinty se carcajeó, burlona.
- Mira, viejo, sé que no tienes un triste crédito. Sé que casi todos tus apoyos te han abandonado. Sé que este secuestro absurdo era tu última oportunidad de salvar a tu hija y recuperar tu credibilidad. No tienes nada. Al menos, nada que pueda interesarme.

Cinty se giró para marcharse, mientras Mart se dejaba vencer por el dolor. Hacía tiempo que nadie se dirigía a él con su verdadero nombre. No desde que el general Werx, el héroe de guerra, había caído en desgracia, pasando a ser considerado un sujeto subversivo, culpable de corromper a la juventud. Desde que había tenido que esconderse y convertirse en Mart, el borracho. Desde que todos le habían vuelto la espalda. Incluso su hija. Bueno, todos menos Zark. Otra oleada de dolor taladró su cabeza. Maldito somnífero. Tuvo un último pensamiento antes de que Cinty saliera de la habitación..
- ¿Qué hay de los dos chicos?
- No lo sé, y tampoco me importa demasiado. Una pena por el rubito. Habría sido un buen momento para tener un socio. Es un chico muy capaz, no sé si me entiendes.
Cinty le guiño el ojo a Mart y salió de la habitación sonriendo. Posiblemente los dos chicos ya estarían muertos. Seguiría examinando la Nagash. Parecía que además de las recompensas, ganaría una bonita nave, repleta de combustible. Todo iba perfectamente.

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Dapal corrió los 10 metros más rápidos de su vida. En apenas un par de zancadas recorrió la distancia que le separaba de Wilson, que le cubría protegiéndose tras el escudo de la nave.
- ¡Buf!, esta ya está mejor.
- Mierda. Dap, ¡¡CORRE!!
Wilson enfundó la pistola y corrió hacia la escalerilla que daba acceso a la cabina de la nave. Dapal, confuso, se dispuso a seguirle, pero necesitó escuchar el primer disparo para darse cuenta de lo que pasaba.

Tanques. El proyectil atravesó el escudo como si fuera mantequilla, golpeando en un costado de la nave. Dapal se tambaleó por la onda expansiva, siguió corriendo, cayó, se levantó y volvió a caer, aún aturdido. Por fin consiguió aferrarse a la base de la escotilla, encontrando una referencia fija que le permitiese recobrar el equilibrio. Wilson, ya arriba, le ayudó a subir, izándole como había hecho él con el viejo Mart hacía tan solo unas horas.
- Venga, Dap, necesito que eches a volar este cascarón.
- S...sí.
Dapal se acomodó en el puesto de piloto, mientras Wilson se dejaba caer a su lado. Buscó instintivamente el cinturón, pero no lo encontró. Esa no era su nave. Esos no eran sus botones, ni sus pantallas, ni sus sensores. Encontró por fin el cinturón y se lo ajustó. Respiró hondo. Tenía que...

Otra explosión hizo temblar el suelo bajo sus pies. Wilson salió despedido y soltó una maldición. Volvió al asiento y buscó él también el cinturón de seguridad. No estaban en una nave pesada, no resistiría mucho.

Dapal siguió impasible, estudiando los botones. Hacía tiempo que no pilotaba un carguero grande como ese, pero en otros tiempos aquello era pan comido para él. Cerró los ojos, dejando que sus recuerdos afloraran. Carguero grande, 3 pasos. Paso 1, encender motores, el botón azul a la altura de su mano izquierda. Paso 2, fijar coordenadas, en el display central, para que pudieran hacerlo tanto el piloto como el copiloto. Paso 3, despegar, presionar el botón de OK en el display. Abrió los ojos, satisfecho, y reprodujo las operaciones a toda velocidad, como si pilotase esa nave a diario. Insertó las coordenadas del planeta contiguo. No sabía cuánto deuterio les quedaba, pero hasta ahí llegarían seguro. Presionó el botón de OK, agarrándose al asiento para soportar mejor la acelaración. Un mensaje rojo apareció en el display:

La Central de Computación no dispone de ordenadores disponibles para gestionar su escuadrón. Por favor, inténtelo más tarde.

Bueno, para los que no jugaran al Ogame, explicar que, en el juego, cada imperio tiene un número limitado de escuadrones que puede mover al mismo tiempo (aumentable desarrollando Tecnología de Computación), xq se supone que cada vuelo es controlado por unos ordenadores, y se dispone de una potencia de cálculo limitada. Era algo realmente muy molesto :P

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Wednesday, August 30, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 6. Despegue

Aquí tenéis el efecto de otra noche perdida sin currar una mierda. Mañana trabajo, por mis huevos. Creo que me quedó algo corto, y casi no se avanza nada, pero al menos me ha servido para tener algo claro lo que va a pasar en los próximos capítulos, mientras sigo manteniendo los interrogantes. Qué bien me lo paso :).

Una manguera transportaba el deuterio entre ambas naves. Dapal permanecía en la cabina de la Nagash, mientras Wilson esperaba en la nave de Yude a que el contador de combustible descendiese a cero. El resto de la tripulación descansaba de las emociones del día.
- ¿Como marcha eso, Wil?
- Aún queda un poco. A donde fuera que se dirigían, debía de estar bastante lejos. Conseguiremos un buen pico de deuterio.
- Vaya, pues al precio al que está es bien raro encontrar una nave con el depósito casi lleno. Bien, bien, parece que las cosas se nos ponen un poco de cara. Ya tocaba.
- Sí, en cuanto cobremos el trabajo, con todo este combustible, deberíamos poder cruzar al menos una galaxia. Una más y ya estaríamos. ¿Quién lo diría hace unos meses, eh?
Cada uno en su nave, sonrieron. Sí, habían pasado por algunas dificultades, estaba bien tener una buena racha de vez en cuando.
- Wil, ¿qué piensas de nuestros invitados?
- Bueno, el viejo me cabrea, ya lo sabes. Su hijita, así de primeras, me parece un poco mojigata, es una pena que su padre no me deje acercarme a ella, podría ser divertido. Al tipo callado hay que agradecerle que al menos no molesta, y si es verdad que es militar, hasta es posible que nos sea de alguna ayuda. Y Cinty... bueno, he de reconocer que me ha sorprendido gratamente. Y mira que al principio sólo pensé en ella como 50 créditos y una noche agradable, pero hasta no me importaría que se viniese con nosotros.
- ¿Te refieres a su forma de disparar?
- Sí, bueno, a eso y a su forma de entrar en la nave. Sigilosa. Para estar tan asustada casi ni me doy cuenta cuando se nos coló.
- ¿Cómo que casi? Osea que...
- Sí, bueno, ya sabes como eres, si te digo en tierra que se nos subió la camarera, la tiras por la trampilla, haya los disparos que haya, así que tuve que darle una oportunidad de que se escondiera y esperar a que despegásemos.
- Si es que me lo imaginaba... Vamos, que mañana a esta hora el viejo Mart te deberá 50 créditos, ¿no?
- Bueeeeeno...
- Jejeje, ¿"Bueeeno" qué? ¿qué hiciste ahora?
- ¿Sabes cuándo tú y el viejo escondíais los cadáveres y la princesita y el guardaespaldas recogían su equipaje?
- Jajaja, ¡por eso tardasteis tanto en traer la nave!
Ambos compañeros rieron alegremente.
- Pero si quieres te la dejo, ¡eh!. Es que te veo que necesitas un empujón, Dap, y te aseguro que la chica merece la pena.
- Deja, anda, deja. Ya sé como son tus empujones.
- ¡Boh, si es fácil! Mira, le digo que sí, que me gusta mucho, y que pasé un rato maravilloso con ella, pero que me he fijado en cómo la miras, y le cuento la de lo mucho que te aprecio y todo eso, y que no quiero estropearlo o algo así. Luego, con que tú le digas cuatro cosas bonitas...
- ¡Pero si no la miro de ninguna manera!
- Yo lo sé, tú lo sabes, pero ella no sabe la carita de enamorado con la que la miras cuando no te ve.
- Vamos, como la mira Mart, ¿no? Así que es todo por hundir al viejo, ¿no?. Maldito manipulador...

- Aunque... espera, ¿no será que prefieres ser el príncipe azul de la princesita?
- ¿Con esa? ¡Venga, hombre! ¡Ni en broma!
Dapal se alegró de que a través del comunicador Wilson no pudiese ver cómo se ponía rojo. Era una pena que Yude hablara. Cuando simplemente estaba callada sonriendo era tan...
La siguiente repuesta de Wilson llegó a través del comunicador acompañada de un estruendo.
- ¡Hey! ¿Qué demonios? ¡Dap, me están disparando! Tenía que haber activado ese maldito escudo antes...
- ¿Qué? ¿Nos disparan otra vez? Wil, sal de ahí. Tenemos que soltar la manguera. El deuterio.
Los depósitos de las naves estaban protegidos con gruesas capas metálicas, pero si acertaban al conducto de plástico que los unía, todos formarían parte de unos bonitos fuegos artificiales.

Ambos jóvenes salieron a toda velocidad de sus respectivas cabinas, envueltos en los destellos azulados provocados por los impactos de los disparos en los escudos. Dapal buscó con la mirada el origen del fuego mientras corría hacia la boca del depósito de su nave. Wilson ya casi había desenganchado su lado.
- Wil, hay al menos cuatro. Dos tras aquellos ladrillos y otros dos en aquellas dos grúas.
- Cinco. Hay otro entre aquellos palés.
Dapal se giró hacia donde le indicaba, a tiempo de ver como un hombre se levantaba y encajaba en pleno rostro el disparo de Wilson.
- Bueno, ahora sólo cuatro.
Dapal terminó de desenganchar la manguera. Bien, lo más grave se había evitado. En el entorno de las naves estaban seguros, protegidos por el perímetro de los escudos. Con tal de sacar mínimamente el arma para disparar, como acababa de hacer Wilson, podrían defenderse sin demasiados apuros del asalto. Mientras no trajesen artillería más pesada que simples armas de mano estarían a salvo. Dapal acertó a uno de los de las grúas. En la situación en la que estaban era fácil, tenían tiempo de sobra para apuntar sin temer los disparos ajenos. Ya sólo quedaban tres.
- Wil, a la de tres, corre hacia aquí. Yo te cubriré.
- Esto... Dap, creo que va a ser mejor que sea yo quien te cubra a ti.
- ¿Pero qué dices...?
Wilson señaló a su espalda. Dapal se giró para ver, atónito, como la Nagash despegaba, dejándolos en tierra.

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Monday, August 28, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 5. Todo en familia

Bueno, he aquí el primer capítulo nuevo del blog, ya no copiado de nuestros blogs personales. A ver qué os parece :).

Dapal tardó unos instantes en conseguir cerrar la boca. El supuesto "paquete" que tenían que robar, era una bella joven, tez morena, pelo oscuro como el ébano, y ojos más oscuros aún, como 2 agujeros negros que absorbían todas las miradas que pudiesen posarse sobre ellos. Extrañamente, le resultaba familiar. Y no era el tipo de chica que frecuentase las mismas tabernas que él.
Mart se acercó a la parte trasera de la furgoneta, y la chica se lanzó a su cuello, abrazándolo, mientras empezaba a sollozar de alegría.
- Oh, papá, ¡has venido!

Dapal comenzó a rascarse la cabeza, intentando encuadrar sus confusos pensamientos. ¿Mart le había contratado para secuestrar a su propia hija? Y no es que el viejo quisiese obligar a la chica a acudir a una reunión familiar aunque no fuese navidad, la joven parecía estar esperándolo. ¿Y para qué habían tenido que matar a 8 hombres? ¿Para un reencuentro padre-hija? ¿Quién era el conductor? ¿El abuelo? ¿El tío? ¿Tal vez el marido? Era bastante mayor que la chica, pero cosas peores había visto. ¡Ay!, si tan sólo dejasen de tratarle como un imbécil y le explicasen un poco las cosas...
- Bueno, chicos, esta linda joven es mi hija, Yude, y éste gran hombre es su guardaspaldas personal, además de un viejo camarada, el sargento Zark. El chico es Dapal Molug y esta preciosidad es Cinty. Hay otro chico, lo conoceréis en la nave.
El viejo parecía feliz con el mundo, hasta había mencionado a Wilson sin aparente rencor. La joven apenas les dedicó una leve inclinación de cabeza, mientras el militar se cuadraba como un armario.
- Los amigos del general son siempre bienvenidos. Es un placer.

¿General? Como prosperaba la gente, un día borracho tirado en cualquier cantina, y al día siguiente general de un ejército. Dapal rió para sus adentros. Si ellos supieran a qué se dedicaban Wilson y él hace un tiempo, seguro que también se sorprendían.
- Bueno, "general", tal vez considere oportuno explicar a sus "amigos" un poco en qué consiste todo esto.
El viejo seguía sonriendo, indiferente a su sarcasmo, mirando a su hija como a un tesoro recuperado. Sí, tal vez en la cabeza del viejo todo fuese navidad, Dapal una especie de rey mago trayéndole algún presente y Cinty una virgen María de generoso pecho.
- No os interesa. Habéis sido contratados para un servicio, y se os pagará por él. Es todo lo que chusma como vosotros necesita saber.
Dapal se giró impertérrito hacia la voz que le acababa de responder. Después de una par de cantinas, y algunos ojos morados, había aprendido a no responder como el viejo Mart a las provocaciones. Yude, la hija del viejo, le estaba dedicando una mirada impregnada de un claro sentimiento de superioridad, sazonado con ciertas pizcas de repulsión.
La miró de arriba abajo, no con lujuria, sino con curiosidad. Sí, decididamente la conocía de algo. Espera, ¿ese ligero temblor en su mandíbula podría indicar miedo al "despiadado mercenario"? Dapal sonrió y se obligó a mirarla a los ojos evitando pensar en el tiempo que hacía que no yacía con una mujer.

- Ahora mismo tu vida vale para mí y mi socio 5000 créditos. No es tanto dinero. No tientes a tu suerte.
Dapal comprobó, siempre sin dejar de sonreir, como el temblor de la joven se intensificaba. Súbitamente recordó dónde la había visto antes. Algún pez gordo dentro de la junta gestora que gobernaba actualmente los planetas de la zona. Ministra de algo. En la nave lo consultaría. En los boletines de hologramas no parecía tan joven. Apenas sí tendría su edad.
- Hey, Dapal, relájate, sólo está un poco alterada, por la tensión del momento, no se lo tengas en cuenta. Yude, hija, estos chicos me han ayudado mucho para llevar a cabo toda la operación, deberías tratarlos con algo más de respeto. ¿Dónde están tus modales?
- Mis modales los reservo para la gente que se los merece.
- Hija única, ¿verdad?
- Eh... sí, Yude es mi única hija, ¿por?
- No, por nada...
Cinty soltó una risita. Parecía que la camarera también pensaba que la niña de papá era un poco repelente. Mientras, el guardaespaldas permanecía callado, con la mano en su empuñadura y la vista fija permanentemente en Dapal. Daba igual, no pretendía disparar a la chica, aunque se lo mereciese. Podía aguantar mucho más que eso por 5000 créditos, pero era tan divertido intimidar a los burócratas... Lo que le había sorprendido había sido la reacción del viejo. Hasta parecía haberse puesto de su parte. Tal vez tomase algo más que cervezas, tanta felicidad no era normal... ¿No debería estar con resaca?

Dapal volvió a la realidad y examinó los alrededores. No parecía haber ningún tipo de peligro, pero tampoco parecía prudente quedarse allí mucho tiempo. Había 8 cadáveres a sus pies. Cualquiera que pasase por allí se haría algunas preguntas, y la única explicación creíble era "sí, yo los he matado".
- Creo que deberíamos esconder mínimamente los cadáveres y marcharnos en cuanto podamos. Si tenemos tiempo me gustaría transportar el deuterio de la nave de la princesita a la nuestra, pero como no soy suficientemente válido para saber un detalle tan crítico, lo dejo en vuestras manos. Si nos vamos ya, los cuerpos pueden quedarse donde están, no deberíamos necesitar volver, a no ser que su alteza tenga su ajuar ahí dentro.
Yude bufó. No parecía haberle gustado su nuevo apodo.
- Sí, mi equipaje se encuentra en esa nave, al igual que el de Zark - se volvió hacia su padre -. Asesino, matón, sucio, ladrón, maleducado, pordiosero, papá, has contratado una joya.
- ¡Ay! Pues si supieses el resto de mis virtudes.
Cinty se carcajeó mientras Dapal levantaba las manos a ambos lados de su cabeza, dando a entender algo muy grande. ¡Ay, las niñas bien!. Si el viejo Mart no se ponía excesivamente protector, Wilson disfrutaría riéndose de ella. Y además se la haría, vaya que sí. Las niñas bien eran su especialidad. El joven se dirigió sonriente hacia el cadáver más cercano mientras oía otro bufido a sus espaldas.

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Saturday, August 26, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 4. El paquete

Y ya por último, para acabar el traspaso de historias de mi blog a aquí, el capítulo 4, transcrito sin apenas cambios (soy un poco puntilloso, así que le retoqué un nada :P). No creo que tenga mañana el cap 5 (es q mañana es sábado...), pero si no estoy muy cansado, el domingo a la noche casi fijo q sí.

Cada uno se colocó en el sitio que Mart les había señalado. Dapal echó una ojeada, intentando permanecer oculto. La comitiva se acercaba. En total eran 8 soldados, cada uno en su aerodeslizador unipersonal, tal como Mart había previsto, sin contar con el guardián especial que conducía el transporte más grande, semejante a una furgoneta. Todo como debía ser. Mart aseguraba que, aunque no dispararía a los soldados para no poner en peligro el paquete, el conductor había sido convenientemente untado y estaba de su parte. Esperaba que fuera cierto.
Se habían repartido los otros 8 soldados entre los 4. Todavía no podía creer que Mart y Wilson estuvieran a favor de que la camarera participase. Una cosa era que tuviese una cara bonita y que en las pruebas de puntería hubiera disparado bastante bien, pero era otra muy distinta que lo fuese a repetir en medio de una batalla real. Por si acaso ya había acordado con Wilson como repartirse los soldados que le tocaban a ella por si fallaba. Teniendo en cuenta que en el plan original sólo figuraban los tres hombres, no debería suponer mucha diferencia, sólo esperaba que, con los nervios, no dañase el paquete, o incluso al guardián. Que te disparen puede ser un buen motivo para cambiar de bando.
Mart les repitió por enésima vez a través del comunicador que esperasen a que el objetivo hubiese llegado al punto exacto. El plan empezaba a parecer insultantemente realizable: la plaza del hangar que había reservado el enemigo parecía preparada para sufrir una emboscada. Relativamente nueva, prácticamente incomunicada con el resto de naves estacionadas en la luna, era la única utilizable como resultado de la última ampliación del hangar, detenida a medio construir debido a la falta de fondos. Entre las grúas abandonadas y las montañas de escombros tenían más que suficientes sitios donde ocultarse y obtener una posición ventajosa una vez empezasen los disparos. Eso sin contar con la inestimable ausencia de miradas indiscretas. Dapal supuso que el guardían untado tendría algo que ver, todo era demasiado favorable. Luego aún tenían que llegar hasta el Nagash, su viejo pero incombustible carguero, pero si completaban con éxito la primera fase, eso debería ser sencillo, siempre y cuando el paquete no llamase mucho la atención. No era la primera vez que viajaban con mercancías ilegales, y nunca habían tenido problemas.
Echó una última ojeada. Sus dos soldados eran, de los que iban en la vanguardia de la comitiva, los que protegían el flanco derecho. Parecían bastante confiados. Aunque Cinty fallase algún disparo, el factor sorpresa debería darles algunos disparos gratis antes de que estuviesen en condiciones de localizarles y responder con peligro. Intentó no pensar en que el gordito parecía todo un padrazo, y que el más alto tenía la misma cara que solía tener Wilson cuando había quedado con una chica, esa sonrisa bobalicona, mezcla de excitación y felicidad. Eran soldados. Si querían una vida feliz deberían haber escogido otra profesión. Y Dapal quería dormir sin remordimientos esa noche.
Mart hizo la señal. Los cuatro dispararon a un tiempo. Dapal eligió primero al gordito, el blanco más fácil. Un agujero de unos diez centímetros de diámetro apareció donde antes estaba su pulmón derecho. El más alto empezaba a desenfundar cuando recibió el segundo disparo, esta vez en el cuello, volatilizándolo. Perfecto, no había perdido demasiada puntería.
Buscó con la mirada a los soldados de Cinty, y le sorprendió ver que ya estaban muertos en el suelo aun antes de que la cabeza cercenada de su segundo soldado llegase al suelo. Todo había salido a pedir de boca. Ocho soldados abatidos, sin una sola baja. El efecto sorpresa ganaba otra vez, y punto para el viejo Mart. Tendría que reírse menos de él, había hecho de un cuatro contra ocho una pelea fácil.

- Venga chicos, todo listo, vamos a por el paquete. Wilson, nos vemos en la nave.
Parecía que Mart les empezaba a tomar un poco en serio. En las últimas 2 horas sólo había escuchado 3 "rubitos" y 8 "niñatos" contra 4 "Wilsons" y 5 "Dapals", "niñato" arriba, "niñato" abajo.
Dapal avanzó hacia el transporte, de donde salía el conductor con las manos en alto. Como estaba acordado, Wilson se dirigió correteando hacia la Nagash para ponerla a punto y poder salir zumbando si se presentaba algún problema por el camino y Dapal examinó los restos de los soldados. Los muertos no necesitaban dinero, y él sí. Wilson, como siempre, hacía gala de su puntería, un acierto en un ojo, otro a la altura de la nariz. El viejo Mart había necesitado tres tiros para acabar su parte, pero tampoco había tenido mayores problemas. Lo que no esperaba era lo de los otros dos cadáveres.

- He tenido algo de suerte, pero creo que no lo he hecho tan mal, ¿no?. A ver si la próxima vez no te opones a que participe.
Cinty le sonreía con picardía. Dapal se obligó a colocar una sonrisa forzada en sus labios, pero esos dos agujeros entre ceja y ceja de los dos soldados muertos no era algo que se pudiera considerar gracioso. Ya no sólo era que la imagen de dos cabezas perfectamente agujereadas no fuese un espectáculo cómico, sino que sumándole sendos agujeros atravesando sendos corazones el resultado era... inquietante.
- Supongo que ya no podré objetar nada. ¿Dónde has aprendido a disparar así?
- Bueno, ya sabes, una chica tiene que aprender a defenderse... He disparado dos veces a cada uno para asegurarme. No quería que perdierais vuestro tiempo cubriéndome.
Seguía sonriendo llena de orgullo, como una chiquilla que ha sacado una buena nota en el colegio.
- Bien... buen trabajo.
¿Defenderse?, eso era... un asesinato, digno del mejor profesional. Había realizado cuatros disparos en el tiempo que Dapal hacía dos, y no se consideraba mal tirador. ¿Esa era la chica indefensa que se suponía que habían rescatado esa misma tarde? Joder, la próxima vez ella tendría que cubrirle a él. Esta chica era tan buena como Wilson, o incluso mejor. Quién sabe, quizá después de todo hubiera reunido un equipo bastante competente.
- Anda, ¿y estos dos?
La voz de sorpresa de Cinty sacó a Dapal de su ensimismamiento. Mart sonreía y abrazaba al conductor con la camaradería de dos viejos compañeros de armas que se reencuentran tras mucho tiempo. ¿Qué diablos pasaba aquí? Se acercó a la parte trasera de la furgoneta, para inspeccionar el tan manido paquete. Abrió la portezuela, y lo que vio no pudo menos que sorprenderle, como tantas cosas ya a lo largó del día.
Ni armas, ni drogas, ni sustancias radioactivas ilegales, ni nada que se le pareciese. Esta vez ni Wilson ni él ganaban la apuesta.
- ¿Quién eres tú? ¿Vienes con Mart?
El paquete hablaba.

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La Ley del Deuterio. Capítulo 3. El polizón.

Bueno, aquí está el capítulo 3, después de sufrir algunas ligeras modificaciones. Fue un intento de meterme en la cabeza de otros personajes además de Dapal, pero me gusta como cabeza pensante, así que lo retoqué un poquito pa que quedase coherento con el resto de la historia.

Dapal miró a Mart con cara de pocos amigos.
- ¿Qué demonios significa esto? ¿Quién nos perseguía?
Mart parecía realmente sorprendido. Blanco como el papel, parecía intentar asimilar lo que acababa de ocurrir.
- Maldito viejo, ¿estás con nosotros? Hoooooola.
- No sé quién nos persigue. Y créeme, me gustaría saberlo.
- A ver, doy por supuesto que lo que estamos haciendo no es tan legal como andar en bicicleta, pero no crees que mantener informado a tu equipo sería...
- Escucha niñato, no me trates como a un vulgar ladronzuelo.- Una vez más, el viejo dirigió la mano a su arma, pero resistió el impulso de desenfundar. - No me gusta vuestra forma de hablar. Deberíais aprender un poco de educación y de respeto. Tengo matado a gente mucho más válida que tú por menos que eso.
- No puedo respetar a quien me miente descaradamente, cuando además perjudica claramente a sus intereses. Si sé que nos van a disparar puedo reaccionar mucho más rápido, pensar al ternativas, cosas así. Si simplemente paso por un sitio alegremente y me disparan, pues hombre, lo normal es que me maten, y no sé tú, pero yo es algo que intento evitar.
- Ya te he dicho que no sé quién nos acaba de disparar.
Dapal le ignoró. No parecía que fuese a sacar nada en claro por el momento.

Salieron de la atmósfera del planeta y no encontraron ni una sola nave preparada para atacarles. Dapal seguía revisando todos los sensores, escamado, incluso intentó el contacto visual, sin resultado. No había moros en la costa.
- Pues parece que al final no nos estaban esperando. ¿Entonces? Esto no tiene sentido... ¿A qué vino eso? Supongo que no nos queda más que seguir hacia la luna, según el plan previsto. Con un poco de suerte nos quedará algo de munición para cuando tengamos que escapar. Viejo, siéntate en tu sitio y agárrate bien, aún puede pasar cualquier...
- ¡Caramba, esto sí que es una sorpresa!
La voz permanentemente jovial de Wilson sorprendió a los dos hombres en la cabina. Se miraron intrigados y se dirigieron a la parte superior de la nave, donde estaba el puesto de artillería. Dapal iba delante, y cuando llegó a la puerta de daba al cubículo desde donde llegaba la voz de Wilson, se paró, se llevó la mano a la cabeza y exhaló un profundo suspiro.
- Lo que me faltaba...
Mart se situó detrás de Dapal, y observó por encima del hombro del joven. Allí estaba, radiante como siempre, pese a las lágrimas que caían por sus momentáneamente pálidas mejillas, la niña de sus ojos, Cinty, la camarera de la cantina en la que habían estado aquella tarde. Mierda, y abrazada a ese cabrón rubio...
- Cinty, ¿qué haces aquí?
- ¿Mart? ¿Eres tú Mart, qué haces aquí?, ¡oh, Mart! Se levantó y corrió hacia él, abrazándolo.
Dapal, seguía murmurando, absorto en alguna suerte de diálogo con la mano sobre la que reposaba su cabeza:
- Un inconsciente que sólo piensa en meterla, un borracho con tendencias psicópatas, y una rubia cuyas mayores habilidades parecen ser... ¿llorar y pechos prominentes?. ¿A dónde voy yo con esto...?
Con la chica abrazada a él, Mart le dedicó una mirada de triunfo a un Wilson que seguía sonriendo despreocupadamente.
- Cinty, pero qué te ha pasado, ¡estás llena de sangre! Este chaval no habrá...
- No, no, Mart, no ha sido él, oh, ha sido tan terrible...- rompió nuevamente a llorar.
- No te preocupes, querida, ahora estás a salvo. Estando yo aquí, nadie te hará daño. ¿Pero qué haces aquí?
- Es que... - entre un mar de lágrimas, con la respiración entrecortada, apenas era capaz de hablar- corrí, y le vi entrar aquí... pero no sabía... y me escondí... pero no quiero ser una molestia...
- Tú nunca eres una molestia, Cinty, pero cuéntamelo todo desde el principio...
- Sí, el principio - la chica estaba visiblemente afectada.- Fue cuando salí a tirar la basura... de la taberna. Un... un señor, salió detrás, y me siguió... y... y ... intentó... intentó... propasarse... y yo... yo saqué el cuchillo que me había regalado papá... y... y... le corté su... su... eso. Le corté su... pene.
Los tres hombres sintieron como un escalofrío recorría su espalda. Ese desgraciado ya no intentaría volver a violar a nadie. La chica seguía con su historia por duplicado:
- Después... después... eché a correr. Corrí mucho. Y no sé cómo llegué aquí... llegué y le vi - señaló al chico rubio- le vi entrar... en la nave, ese chico tan... tan... amable, tan amable antes en la taberna, y me dije, ese chico tan amable tiene que ser bueno... y protegerme... y eso... y le seguí, y entré en la nave... pero luego pensé, Cint, tú eres tonta, es un desconocido, y tú no eres más que una molestia para ese chico tan amable, y como no quería ser una molestia... y me escondí.
Poco a poco iba recobrando el color, de hecho parecía ruborizarse ligeramente cada vez que levantaba la vista hacia Wilson.
- La descubrí porque la escuché llorar. Estaba escondida en una caja vacía de munición. Un gran sitio para guardar cosas que no queramos que encuentre nadie, por cierto.
- ¿Tú tienes algo que ver con que nos hayan disparado?
Dapal parecía recuperar el control de la situación.
- Esto, yo, lo siento, no quiero ser una molestia, de verdad, espero que nadie haya resultado herido. El.. el señor, tenía varios amigos... sí, igual fue eso, tal vez... tal vez me siguieran, y me vieran meterme en la nave... yo... no quiero causar problemas, de verdad. Pero no quiero volver allí. Quiero marcharme de ese sucio planeta. Llevo tiempo hablándolo con mi padre, y creo que es un buen momento. Estarán esperándome, y acabarán lo que empezó su amigo... Por favor... No quiero volver... Por favor...
Dapal intentó no mirar la suplicante cara de la chica y se dirigió hacia Mart y Wilson.
- ¿Qué hacemos con ella?
- Se queda con nosotros, ¡por supuesto!
La respuesta de los otros dos llegó al unísono. Por una vez, estuvieron de acuerdo.
- Y encima el inconsciente y el borracho van a matarse por ver quién se tira a la rubia... Perfecto...
Dapal no pudo evitar fijarse en la cara de preocupación del viejo cada vez que la chica no miraba. Parecía que la explicación de los disparos tampoco le había dejado satisfecho.
Cada cosa a su tiempo, lo primero era llegar a la luna. Si esos dos no se mataban antes, claro.

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Thursday, August 24, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 2. Complicaciones

Pues nada, sin más cháchara, el capítulo 2 de Dapal y Wilson. Mañana pongo el 3 y 4, y a ver si pasado mañana tengo escrito el 5 :)

Pese a las quejas de Wilson se fueron rápidamente de la taberna. Lo harían esa noche, no había tiempo para camareras.
- No estoy motivado para el trabajo. Nos van a liquidar, ¿no podíais al menos permitirme una última alegría?. La tenía en el bote...
- ¿A la hija del tabernero? No sueñes con ello, rubito. Esa chica es mía.
- ¿Qué nos apostamos? ¿10 créditos? ¿Tal vez 20?, ya que estás tan seguro...
- No quiero robarte, chaval.
- ¿50 créditos? Venga, considéralo un regalo de mi parte. Me has caído bien.
Dapal se exasperó.
- Wil, déjale en paz, no es el momento.
- Dap... creo que necesitas una mujer. Urgentemente. La sangre está abandonando tu cuerpo. Marty, tú seguro que aún tienes lo que hay que tener...
- Firmo esos 50 créditos. Me vendrán bien para pagar mi cuenta en la taberna.
Dapal suspiró. Tendrían que llegar al hangar rápido, antes de que Wilson le robara al viejo hasta los calzones. No es que le importara, pero al viejo tendría que quedarle lo suficiente para pagarles a los dos, no sólo a Wilson. A Wilson no le solía durar el dinero lo suficiente como para comprar deuterio.
- Wil, adelántate y vete revisando la nave, tenemos que salir pronto. Yo discutiré con Mart nuestros emolumentos.
- Ok, Dap, no tardéis mucho. Pero creo que deberías dejarme negociar a mí. La falta de sexo te está reblandeciendo.
- Pero tú revisas la nave mucho más rápido, venga, apúrate.
Wilson se marchó correteando. Ese Dapal, siempre igual, cuando se lo empezaba a pasar bien...
Dapal se giró hacia Mart.
- Mira, Mart, sé que no tienes dinero ni para pagar cervezas, así que lo me intriga ahora es saber cómo piensas pagarnos.
- A la entrega del paquete se nos pagará. Con ese dinero cobraréis vuestra parte, hasta el último crédito.
- Un paquete que supongo que no me dirás qué contiene.
- No necesitas saberlo. Ese es el trato, y lo habéis aceptado. Te he contado el plan, ahora no puedes abandonar.
El viejo se paró y desenfundó de nuevo, apuntando al joven con la pistola. Aún estaba algo ebrio.
- Un día te vas a hacer daño con eso. Aquí nadie abandona nada.
Dapal siguió andando. No le gustaba, pero tendría que arriesgarse. Nadie más les quería contratar. La economía iba tan mal que hasta los trabajos suicidas estaban copados. Había escuchado la palabra niñato 17 veces esa semana, y eso que era él y no Wilson, que tenía aún más cara de niño, quién hacía las negociaciones. Se estaba ganando una reputación como piloto, pero nadie se creía que fuera él el "Dapal Molug" del que hablaba la gente. Maldita sea, necesitaban el dinero: con el combustible actual no llegarían ni a 10 sistemas de distancia, y necesitaba cruzar 2 galaxias. Eso sin contar con que apenas les quedaba munición. Si el trabajo no fructificaba, tendrían problemas. Bueno, no era la primera vez, saldrían adelante. Si sobrevivían, claro.
- ¿No puedo tampoco preguntar quién nos contrata?
- No puedo arriesgarme a que pases por encima de mí y cobres también mi parte.
- ¿Y quién me garantiza a mí que no nos abandonarás una vez que hayamos completado el trabajo?
- Tienes mi palabra, pero como supongo que no te llegará, te diré que nos pagarán al entregar el paquete, y necesitamos vuestra nave para transportarlo. Además, sois dos a vigilarme, si os sorprendo os merecéis quedaros sin el dinero.
¿Su palabra? Pues no, no era suficiente. Odiaba ese tipo de trabajos. Borrachos desesperados sin una triste moneda con planes inviables. Al menos éste no parecía tonto. Su plan era burdo, pero estaba bastante estudiado para el tiempo que el viejo aseguraba haber tenido. Quién sabe, tal vez funcionase.
- Ya hemos llegado. Con un poco de suerte Wilson tendrá la nave lista para partir. Recorrieron el enorme hangar hasta llegar a la plaza donde esperaba su nave. Wilson les saludó desde la cabina.
- Todo listo. Tanques llenos, armas cargadas, escudos activados y motores encendidos. Cuando queráis, nos largamos de aquí.
Dapal recorrió con la mirada su querida nave. Era pequeña, incluso para ser un carguero de los llamados pequeños, pero a cambio era suficientemente rápida para el tipo de trabajo que solían hacer, mucho más rápida que los bombarderos, destructores y demás naves pesadas que solían patrullar los perímetros planetarios, y Wilson se encargaba de que estuviese siempre perfecta.
Subió por la escalerilla que daba a la cabina, y se acomodó en su asiento. Cuando Mart seguía sus pasos, una luz azulada centelleó a la altura de su cabeza.
- ¿Pero qué...? ¿Qué ha activado el escudo?
Dos nuevos destellos aparecieron en torno al viejo. Dapal se abalanzó hacia él, lo agarró por la camisa y lo arrastró dentro de la cabina. ¿Quién les estaba disparando? Más importante ¿Por qué les estaban disparando? El que les disparasen era parte común de las chapuzillas que solían que hacer, pero la gente tendía a esperar a que les robasen para sacar las armas.
- Wilson, nos vamos YA. Ocúpate de la artillería. Y por favor, esta vez procura no gastar mucha munición.
- Hey, gasto la munición justa y necesaria para mantener tu culo intacto.
Buf, ya estaban bajo mínimos, y se iban a quedar prácticamente a cero antes de empezar el trabajo. Intentaría evitar un enfrentamiento.
Cerró la trampilla de acceso y sacó la nave del hangar todo lo rápido que pudo. Afortunadamente, las armas con las que los atacaban desde tierra no podían traspasar los escudos. Otra cosa sería cuando saliesen a la órbita del planeta, y si les habían atacado sin preguntar siquiera era porque les estaban persiguiendo sabiendo quiénes eran y qué se proponían, así que tendrían un bonito comité de bienvenida a la salida del hangar. Se giró hacia el pálido y aturdido Mart.
- Oye viejo, ¿no crees que nos debes un par de explicaciones?

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Wednesday, August 23, 2006

La Ley del Deuterio. Capítulo 1. El trabajo

Pues nada, empiezo yo, rescatando el capítulo 1 de las andanzas de Dapal y Wilson, que iba a rebautizar como "La Guerra de las Galaxias" hasta que me di cuenta de que ya estaba cogido :P.
Pues nada, ahí va, el 1er capítulo de "La Ley del Deuterio":

La cantina estaba a rebosar, como todas las noches. Vagabundos, mercenarios, contrabandistas, hampones de poca monta, lo mejor de cada casa ahogaba sus penas en alcohol. El dinero escaseaba, pero la depresión global que sacudía la galaxia y la necesidad de compañía, con la que charlar o simplemente intercambiar algunos puños, lo compensaba sobradamente.
- Jefe, ponme otra cerveza.
- Mart, sabes perfectamente que no me vas a pagar las 5 que llevas ya.
- Jefe, sabes que te respeto, pero eso no me lo dices ahí fuera. Pónmelas en la cuenta, anda.
- Mart...
- Jefe...
El tabernero sacudió la cabeza. Apreciaba a varios de sus clientes, y sabía que todos tenían malas rachas... pero con algo tenía que pagar las mesas que rompían todas las noches. Cuando se le pasase la borrachera le obligaría a laver algunos cacharros.
La camarera le sirvió la cerveza al viejo Mart, rozando como sin querer al chico rubio que ocupaba la mesa de al lado. Era una pena que jóvenes como él no fueran la clientela habitual. Al fin y al cabo, ella también necesitaba compañía.Y era taaan guapo.
Otro joven entró por la puerta. Todos los ojos estaban fijos en las caderas de la camarera, así que nadie se fijó en él. Sus ojos recorrieron el local y, sin prisa, se dejó caer en la barra.
- Jefe, ponme algo fuerte.
- Hay muchos forasteros hoy. ¿Tienes con qué pagarlo?
Por respuesta dejó caer algunas monedas al alcance del tabernero. Éste parpadeó. Parecía que hasta podría pagar los destrozos de esa noche. Cuando acercó la mano para cogerlas, el recién llegado se la atenazó.
- Busco a un hombre. Creo que con eso bastará. Su nombre es Mart.
El tabernero miró nuevamente las monedas. Un trago, varias sillas destrozadas, algunas mesas, las cervezas de Mart y un poco de información. Sí, sería suficiente.
- El viejo de aquella mesa, el que mira más lascivamente a mi hija.
El joven soltó la mano del tabernero.
- ¿Qué hay de ese trago?
Apuró de un trago la bebida, y se sentó frente a su objetivo.
- ¿Eres Mart?
- ¿Y tú quién demonios eres, niñato?
- Mi nombre es Dapal. Me han comentado que tienes un trabajo que ofrecerme.
- ¿Dapal? ¿Dapal Molug? ¿Un cretino como tú? Me habían dicho que era un buen piloto. Nadie me había hablado de un crío. No me interesas.
- Sabes que soy el único dispuesto a hacer ese trabajo.
- No me sirve un crío incompetente. Yo mismo podría hacerlo mejor que tú.
- Si te atrevieses a hacerlo no buscarías a alguien que lo hiciese por ti.
El viejo se encolerizó. Pese a sus 6 cervezas, desenfundó rápido, apuntando a la cabeza de Dapal.
- ¿Buscas un trabajo o que te acribille la cabeza?
Miró al insolente joven que, sin inmutarse, seguía tranquilamente sentado frente a él, cuando una voz jovial a sus espaldas le sobresaltó.
- ¿A quién vas a acribillar? Marty, sé un buen chico.
El joven rubio de la mesa de al lado sonreía burlonamente mientras apoyaba el cañón de su pistola sobre la sien del viejo.
- Wilson, deja que nuestro amigo Mart se calme y únete a nuestra agradable charla. Justamente ahora estaba a punto de comentarnos en qué consiste el trabajo, ¿no es así, Mart? No montemos una escena. Eso no es bueno para nadie.
El viejo se sentó de mala gana y guardó el arma. El rubio le imitó, sin borrar en ningún momento esa mueca burlona de su cara. Tal vez no fueran más que unos simples niñatos, pero una cosa era cierta: nadie más quería hacerlo. Y más sabiendo contra qué se enfrentaban. No tenía más opción, si quería alguna oportunidad de salvar el pellejo tenía que hacer ese trabajo, y el solo no sería capaz. ¿Cómo demonios se había metido en ese lío? Una silla voló dos mesas más allá. Afortunadamente, en esa taberna era imposible llamar la atención. Podría contarles el plan, nadie escucha a unos desconocidos mientras pelea.
- ¿Tenéis una nave?

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